El color es por sí mismo un elemento expresivo y posee un lenguaje propio.

Analicemos el rojo, uno de los primeros colores utilizados por los artistas. Ya en el Paleolítico era uno de los tres usados, junto al blanco y el negro.

Tiene el efecto interior de un color vivo, vital e inquieto, muy intenso en cuanto a respuestas emocionales en el ser humano; es fuego, energía, pasión, deseo, amor… Es sangre, y por ello se le asocia también al peligro y a la guerra.

Provoca reacciones físicas en el hombre: mejora el metabolismo, sube la tensión y aumenta el ritmo respiratorio.

El rojo claro representa alegría, pasión y sensualidad, mientras el rosa nos evoca romance, amor y amistad.

Musicalmente tiene un sonido insistente, irritante, fuerte.

Según Kandinsky, el rojo y el rosa eran un buen estímulo para los apáticos, pero consideraba al rojo púrpura un color lúgubre, aterrador e insoportable, y al rojo pardo como calmante y conveniente para los sabios y las bibliotecas.

Entre los rojos que más utilizo están el rojo de cadmio y el carmín de alizarina, a los cuales les dedico unas pequeñas pinceladas:

El rojo en el arte. Analicemos el color rojo
  • Rojo de Cadmio. Color de brillo intenso. El rojo de cadmio medio es opaco y cubriente, pero no tan luminoso.
    Pierde intensidad con el blanco, se enfría. Puede compensarse con un toque de amarillo cadmio.
    No debe ser mezclado con verde viridián, azul de prusia o blanco de plomo.
    Con amarillos de cadmio se pueden crear hermosos naranjas. El oscurecimiento con negro es peligroso porque el negro muerto apaga el fuego y lo reduce al mínimo; se producen pardos opacos.

  • Carmín de Alizarina. Hecho de material orgánico, de un pequeño insecto llamado grana cochinilla.
    Es un precioso y profundo rojo, de color intenso, oscuro y aterciopelado.
    Se aviva al añadirle un toque de blanco, a diferencia del resto de rojos.
    Para atenuarlo lo más adecuado es el verde viridián.
    Si lo mezclamos con rojos cadmios o bermellón salen unos tonos muy intensos.